Figuras
brillantes de oro, jade, matizadas con los colores del quetzal. La siempre
eterna figura de la muerte, que en las flores crea la reflexión sobre la vida;
las personas que poseen en sí mismas la belleza, son aquellas figuras florales
que adornan los paisajes, que como todo en la vida, tienen su imprecisa raíz en
la tierra, su inmortal y grandísima presencia en la eternidad de la muerte.
Nezahualcóyotl denota imágenes sobre su reflexión acerca de la vida, poetiza desde el punto de vista de sí mismo el reconocimiento del mundo que rodea su realidad. Expresa el saber sentir y percibir las situaciones y finalidades a las que el mundo está destinado a pasar. Su obra poética muestra un mayor número de poemas con el contexto de la muerte, éstos los dirige a varios puntos de vista, uno de ellos se interpreta para la sociedad humana, otro, y que tal vez sea el más frecuente, son reflexiones hacia él mismo acerca de la muerte, habrá que recordar para ejemplificar esto, los contactos que tuvo con ella, desde que vio a su padre ser asesinado, o cuando huía del señor de Azcapotzalco:
En vano he
nacido,/ en vano he venido a salir/ de la casa del dios de la tierra,/ ¡yo soy
menesteroso!/ ojalá en verdad no hubiera salido,/ que de verdad no hubiera venido
a la tierra./ No lo digo, pero…/ ¿Qué es lo que haré?,/ ¡oh príncipes que aquí
habéis venido!,/ ¿vivo frente al rostro de la gente?,/ ¿qué podrá ser?,/
¡reflexiona! (Nezahualcóyotl 1972: 77)
Otra parte de su obra muestra la alegría, los aromas, el
clima que da el placer a la vida, sin tener una idea concreta de los lugares en
que se sitúan sus poemas, no se tiene una precisión de qué flores son las que
menciona, sólo se tiene en cuenta la ambigüedad y la belleza de las imágenes
que crean cantos a los sentimientos humanos.
En la casa
de las pinturas/ comienza a cantar, / ensaya el canto, / derrama flores, /
alegra el canto./ Resuena el canto, los cascabeles se hacen oír, a ellos
responden/ nuestras sonajas floridas./ Derrama flores,/ alegra el canto. (Nezahualcóyotl
1972: 83)
Nezahualcóyotl hablaba sobre la raíz del ser humano
refiriéndose a la estancia de éste sobre la tierra, en base a esto resaltaba la
improbabilidad de la vida, y en el trasfondo, se puede notar la única cosa
cierta de la vida; el nacimiento y la muerte. En tanto a esto, la
reflexión dada en la poesía, sugiere una interpretación en la cual, el lector
encuentre dentro de su estadio los elementos que manifiesten la alegría y
el placer de vivir.
La fuerza poética con que Nezahualcóyotl pinta su poesía,
refleja un sentimentalismo de amor hacia la vida -entiéndase por todo lo que
tiene vida, aún en sentidos abstractos, y principalmente hacia los seres
humanos-, pero también se encuentra dentro de su obra, la presencia de melancolía
y tristeza, y tal vez sea en estos pocos poemas donde se expresa una mayor
fuerza, a veces el dolor es más expresivo que la alegría o el placer, es
posiblemente esto más fácil de sentirse.
Estoy
triste, me aflijo,/ yo, el señor Nezahualcóyotl./ Con flores y con cantos/
recuerdo a los príncipes,/ a los que se fueron,/ A Tezozomoctzin, a
Quaquauhtzin. / En verdad viven,/ allá en donde de algún modo se existe./ ¡Ojalá
pudiera yo seguir a los príncipes,/ llevarles nuestras flores!/¡Si pudiera yo
hacer míos/ los hermosos cantes de Tezozomoctzin!,/Jamás perecerá tu nombre,/ ¡oh
mi señor, tú, Tezozomoctzin!/ así, echando de menos tus cantos,/ me he venido a
afligir,/ Sólo he venido a quedar triste,/ Yo a mí mismo me desgarro. […]
(Nezahualcóyotl 1972: 81)
Y
siguiendo el rumbo de estas anteriores palabras; la eternidad de la muerte es
aquella donde descansa lo físico de la vida, Nezahualcóyotl jamás refirió la
palabra raíz para algo que únicamente sujetaba al cuerpo humano, esta raíz, la
del poeta, aun desprendiéndose de su humanidad, quedó enterrada dentro del
conocimiento y sensibilidad de aquellos que hacen que la poesía perdure, cada
lector es una fuente de agua que hace florecer los campos literarios, así la
poesía queda como un jade irrompible, y las personas que han conocido esta
poesía tendrán en sus mentes una colorida pluma de quetzal con la cual tejer
palabras.